En 2012 no dudó en aceptar el reto de trasladarse a Omán para participar en el primer proyecto internacional de CLH. Más de tres años allí le hicieron crecer como persona y como profesional, un bagaje que ahora le ayuda a gestionar la actividad de CLH Aviación en el aeropuerto de Málaga.
Juan Miguel Lorente entró en CLH en el área de Operaciones en 2008. Como Gestor de Líneas de Oleoducto, su misión era evitar que se pusiera en riesgo la integridad de las mismas, viajando por toda España y a través de un contacto permanente con las instalaciones, sus “ojos sobre el terreno”, como él dice. Un trabajo dinámico que, tras cuatro años, se convirtió en “algo rutinario con anécdotas”.
El trekking y la colonia de expatriados ayudaron a Juan Miguel a asentarse en Omán durante su etapa como expatriado.
Su aventura en Omán tuvo dos etapas. En la primera, de año y medio, su cometido fue más propio de una fase de arranque de proyecto que de ingeniería, recopilando datos y aportando todo su conocimiento técnico. “Los comienzos fueron duros, todo era nuevo y suponía un reto de adaptación constante. Todavía recuerdo el tiempo y esfuerzo que nos llevó fijar la ubicación de la terminal de Jifnain”, señala.
Decidió irse porque “en el plano personal cuadraban las cosas y, sobre todo, para crecer profesionalmente” La segunda etapa, ya propiamente como expatriado, se inició en 2014, cuando se formalizó la ‘joint venture’ entre CLH y ORPIC. Ya como Pipeline Project Engineer, se convirtió en una pieza clave sobre el terreno, pero también en un enlace con España, “actuando como coordinador cuando era necesario”. Juan Miguel repite una y otra vez su agradecimiento a todos los compañeros de CLH que convivieron con él en Omán o que le asesoraron desde España: “Me ayudaron a encontrar mi camino”.
Adjudicada la ejecución del proyecto, Juan Miguel y sus compañeros se centraron en “la revisión de estándares y procedimientos, ya que cuando trabajas en un entorno distinto al habitual, con terceros, todo se cuestiona”. “Después, en la fase de construcción, me centré en el seguimiento y supervisión de las obras del oleoducto”, comenta.
Amabilidad y seguridad
Juan Miguel se sacó la licencia de pesca en Omán para disfrutar de una de sus grandes pasiones.
En febrero de 2016 regresó a España para ocuparse de la instalación aeroportuaria de Málaga. “No conocía en detalle CLH Aviación, pero Javier Bonet y David Solé, con los que coincidí en Omán y que habían trabajado en la instalación aeroportuaria de Barcelona, me pusieron al día”, recuerda.
Seguir motivado Tras un año en el cargo, Juan Miguel califica su trabajo como “muy dinámico y un reto continuo, especialmente en lo que se refiere a la gestión del equipo humano para adaptarlo a las necesidades operativas”. Asegura que no quiere “entrar en una zona de confort” y pelea cada día para seguir motivado y aprendiendo. Echa de menos la tranquilidad y, a veces, la soledad de Omán, pero tiene claro que ahora prefiere estar en casa y “volver a sentirse normal por la calle”.
“Omán me ha servido para crecer y dar un salto en mi carrera. No ha sido fácil porque cuando sales de tu zona de confort tienes que reinventarte. He aprendido a relativizarlo todo y ahora soy más reflexivo, confío más en mí y he perdido el miedo a equivocarme. Ha sido una experiencia muy positiva que recomiendo a todo el mundo, una oportunidad que realmente te enriquece”.