La revista de la gente de
Número 28 - Cuarto trimestre 2012

Juan José Moratalla, especialista de sala de control
Reparte sus tareas laborales entre la sala de control y el exterior en la instalación de almacenamiento de Albuixech, en Valencia. Y todos los días, llueva o haga sol, encuentra un hueco para atender a sus caballos, animales por los que siente verdadera pasión. 

 

Juanjo Moratalla es especialista de sala de control en CLH y un auténtico enamorado de los caballos.

 
  "Todo lo que sabe de caballos, que es mucho, lo ha aprendido solo, fijándose en los que más saben y con la experiencia propia"  
     

Esta semana Juanjo Moratalla tiene turno de tarde y hasta las dos no tiene que ir a la instalación de almacenamiento de CLH en Albuixech, Valencia. Aun así, a primera hora ya está en pie para poder dedicar varias horas a su entretenimiento preferido: los caballos. La pasión por estos animales le viene de familia: “Mi padre compró un caballo nada más nacer yo y desde pequeño he tenido contacto con ellos”, cuenta.

Entre su casa y la planta de CLH se encuentra la hípica en la que, de momento, vive Duende, un pura raza española de su propiedad con el que sale a pasear casi a diario por la playa de Alboraya o sus alrededores. Este ejercicio ayuda a Juanjo a “olvidar todas las penas”, sobre todo por la exigencia física y mental que requiere ya que se trata de un animal “con mucho carácter que puede desmontar al jinete con facilidad”.

Hasta la playa tiene poca distancia, pero  debe recorrerla por carretera, respetando todas las normas de circulación. Hoy Juanjo pasea en compañía de su amiga Isa y de Deco, un precioso caballo blanco con el que Duende se siente muy a gusto galopando y remojando las patas en el mar. De vuelta a la cuadra, llega el momento de la ducha: “Los caballos, como las personas, tienen que hacer ejercicio para mantenerse en forma. Del mismo modo, sudan y, por higiene y salud, hay que tenerlos limpios”, señala Juanjo.

 

Juanjo suele pasear con Duende por la playa de Alboraya y todos los días acude a dar de comer a Junco, su otro caballo.

 

Proyecto de futuro
Tras el paseo con Duende, Juanjo se acerca a dar de comer a su ‘niño mimado’. Se trata de Junco, otro pura raza española que tiene casi dos años. El potro campa a sus anchas por un terreno alquilado que, si todo va bien, en menos de un año tendrá un aspecto totalmente distinto al actual. “Mi sueño es tener aquí cuatro o cinco caballos. Estoy trabajando mucho para conseguir todos los permisos necesarios y poder acondicionar el terreno. Quiero construir unas cuadras y una pista de doma, además de un merendero para disfrutar en buena compañía”, asegura. De momento viene hasta aquí todos los días, llueva, truene o haga sol. “Tener caballos es muy bonito pero también es muy sacrificado porque no puedes descuidarlos ni un solo día”, señala. Sin olvidar los esfuerzos económicos que supone su cuidado.  

Junco todavía es demasiado joven pero Juanjo tiene claro que quiere hacer de él un animal excepcional. Todo lo que sabe de caballos, que es mucho, lo ha aprendido solo, fijándose en aquellos que más saben, como los hortelanos que trabajan la tierra con equinos, y con la experiencia propia. En breve empezará el proceso de doma, primero haciendo cuerda, luego poniéndole la silla para que poco a poco se acostumbre y, por último, montando. “Lo tengo casi desde que nació y para mí es un reto”, comenta. Viendo la ilusión que tiene y el empeño que le pone, seguro que lo consigue.

 

 

 

En las mejores condiciones
Llega la hora de ir a trabajar. Juanjo llega con tiempo para cambiarse y ponerse al día de lo que ha ocurrido en el turno de mañana. Es especialista y sus tareas se reparten entre la sala de control y el resto de la instalación. Uno de los primeros trabajos de la tarde es purgar y tomar muestras de los diferentes tanques de la planta, “algo que hay que hacer todos los días para garantizar la calidad de los productos, especialmente del queroseno”.

Después de comprobar y registrar el volumen de devoluciones de producto recibido, Juanjo se dirige a la balsa API (que permite depurar el agua de la instalación antes de su vertido a la red de aguas residuales) para llevar a cabo tareas rutinarias de tratamiento y control de aguas hidrocarburadas. “Es necesario para asegurar la calidad del agua, sobre todo después de las lluvias torrenciales que hemos tenido estos días”, señala.

 

 

 

Terminada esta actividad, llega la hora de comprobar el volumen de un tanque de aditivo y de completar distintas órdenes de trabajo relacionadas con el mantenimiento de la instalación. Hoy le toca revisar las bombas del cargadero y algunos elementos del sistema de Defensa Contra Incendios. “Todo debe estar en condiciones óptimas”, afirma.

Las tareas son casi las mismas independientemente del turno, aunque la mayor actividad se concentra en el cargadero durante las primeras horas del día. Esto hace que en el turno de mañana Juanjo tenga que dedicar más tiempo a dar soporte al proceso de carga de camiones cisterna.

 

Mediciones en un tanque de aditivos en la instalación de Albuixech.

 
     

“Me gusta más trabajar al aire libre que en la sala de control, ya que la actividad es mayor y me parece más entretenido”, dice. Desde la sala de control, Juanjo da servicio al cargadero y ejecuta los planes de bombeo diseñados desde Dispatching, sin olvidar las tareas administrativas que conlleva la entrada y salida de productos de la instalación. “Esté donde esté, siempre hay algo que hacer”, sonríe.

 

 

 

 

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