La revista de la gente de
Número 28 - Cuarto trimestre 2012

Innovación tecnológica para la mejora continua
El Grupo CLH está aplicando la tecnología georradar, una innovadora técnica de exploración geofísica que ofrece una completa radiografía del subsuelo, para inspeccionar el terreno en el que se asientan sus líneas de oleoducto.

 

Equipo georradar 3-D remolcado por un vehículo del Grupo CLH.

 
 

"Los georradares permiten conocer con gran exactitud el trazado y la profundidad de las líneas de oleoducto "

 
     

La tecnología es una gran aliada del Grupo CLH. Su aplicación práctica ofrece a la compañía la posibilidad de mejorar determinados procesos y, con ellos, su actividad. El último ejemplo viene de la mano de la tecnología georradar, empleada con regularidad en proyectos de obra civil y militares, como la detección de minas enterradas, y que ahora la compañía está adaptando para inspeccionar el terreno por el que transcurren las líneas de oleoducto.

Esta técnica permite ‘ver’, de un modo sencillo, rápido y sin necesidad de realizar excavaciones, todo aquello que se oculta bajo el suelo hasta una determinada profundidad, incluidas las propias características del terreno, ya sea su composición o posibles discontinuidades como grietas, cavidades o acuíferos. Esta ‘radiografía’ del subsuelo se consigue a través de un sofisticado equipo que, a medida que avanza por el terreno, va emitiendo impulsos electromagnéticos.

Cuando estos impulsos electromagnéticos encuentran una discontinuidad en las propiedades dieléctricas del subsuelo, reflejan una señal de características diferentes que es recogida por la unidad de control. A partir de estas señales se elaboran unas imágenes llamadas radargramas. Es importante destacar que las señales emitidas por el georradar no son capaces de atravesar metales.

El subdirector de Operaciones Centralizadas, Javier del Nido, explica que “la interpretación de estos radargramas es lo que permite identificar con gran precisión la posición de elementos inusuales en el terreno, como tuberías de agua y luz comunitarias o particulares que cruzan las líneas de oleoducto”. Esta información es de gran utilidad para la compañía en caso de tener que excavar el terreno, ya que elimina la posibilidad de dañar infraestructuras ajenas.

 

Los georradares 2-D son más versátiles ya que pueden utilizarse en zonas escarpadas.

 

Precisión centimétrica
La lectura de los radargramas permite asimismo conocer con exactitud la profundidad a la que se encuentra enterrado el oleoducto. “En ocasiones, por las características del terreno o por las incidencias climatológicas, la profundidad normal de las líneas puede verse alterada. Esta técnica nos ayuda a contrastar la información recogida por los métodos que empleamos habitualmente, como el recorrido a pie del trazado de la línea, para garantizar la integridad del oleoducto”, señala Javier del Nido.

Los georradares están provistos de un odómetro y complementan la presentación de resultados con localizadores GPS como los que se utilizan en los vehículos particulares. La diferencia entre ambos se encuentra en su exactitud, ya que la tecnología del dispositivo que incorpora el georradar ofrece una precisión mucho mayor en el registro de la posición, con un margen de error de apenas unos pocos centímetros. “En la práctica esto se traduce en fiabilidad y agilidad. A través del georradar podemos averiguar la posición exacta de un cable que cruza el oleoducto o de una cavidad que pudiera afectar al asentamiento de la tubería, lo que nos permite llevar a cabo actuaciones rápidas y precisas en caso necesario”, asegura el subdirector de Operaciones Centralizadas.

Estas características son muy útiles igualmente a la hora de ejecutar obras, ya sea en fincas de terceros o en instalaciones de CLH. “El georradar es una herramienta de gran ayuda para verificar la información de los planos de fincas e instalaciones en caso de que hayan quedado desactualizados”, comenta Javier del Nido.

En dos y tres dimensiones
Existen dos tipos de georradares, de dos y de tres dimensiones. Los primeros exigen la elección de una frecuencia fija de emisión de impulsos para recoger la información, mientras que los segundos trabajan con un abanico más amplio de frecuencias, cubriendo un ancho de banda mucho más amplio que las antenas tradicionales, lo que permite una mayor resolución en capas superficiales y una buena profundidad de investigación.

El jefe de Explotación del Oleoducto Loeches-Ariza, Pedro Herrero, explica que “la compañía ha utilizado los dos tipos”, si bien su elección depende de las características del terreno. “El de dos dimensiones (2-D) es más pequeño, manejable y de arrastre manual, lo que facilita su uso en zonas más escarpadas. Por su parte, el de tres dimensiones (3-D) es mucho más grande (el ancho sobrepasa los dos metros) y debe ser remolcado por un ‘quad’ o un todoterreno a una velocidad constante, por lo que sólo puede emplearse en superficies más o menos llanas”, señala.

Otra diferencia importante entre ambos tipos es la lectura de los datos recogidos. Mientras el 2-D ofrece información en tiempo real por medio de una pequeña pantalla, el 3-D requiere un software específico para interpretar las mediciones. “Al tratarse de una información tan técnica, en ambos casos deben ser expertos, normalmente geólogos, los que pueden interpretarla”, comenta Pedro Herrero.

 

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En fase de pruebas

La técnica del georradar, que la compañía viene utilizando desde hace un año en fase de pruebas, “ha conseguido resultados muy satisfactorios”, asegura el jefe de Explotación del Oleoducto Loeches-Ariza, Pedro Herrero. “El Grupo CLH y las empresas proveedoras de estos servicios estamos colaborando estrechamente, contrastando los datos procedentes de inspecciones de georradares en oleoductos con la información que tenemos nosotros, lo que facilita la interpretación de los radargramas y permite aportar unos resultados más fiables”, añade.


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