Conocimiento | Firma invitada

Trabajo en equipo: el cambio empieza por uno mismo
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Fotografía de la cordillera del Annapurna tomada por Pablo L-Chertudi durante su expedición de 2008.

Está en nuestras manos ayudar a construir equipos íntegros y sólidos que superen la suma de las individualidades. Un grupo fuerte y unido es capaz de afrontar con garantías cualquier reto, por difícil que sea.


Aún recuerdo el otoño de 2008 en el Singu Chuli, 6.501 metros sobre el nivel del mar, en la cordillera del Annapurna, en Nepal. Por aquel entonces ocupaba el cargo de director Comercial y Marketing en un turoperador de viajes suizo. Mi amor por la naturaleza, mi inexperiencia en alta montaña y mi afán por colmar un atronador pero frágil ego, hicieron que, desde nuestra llegada a Katmandú, la expedición resultara un fiasco, pudiendo haber terminado en tragedia. Desde ese momento, fui consciente de la importancia que tiene compartir una visión y valores conjuntos a la hora de emprender un nuevo proyecto. A continuación expongo una serie de conceptos y estrategias que facilitan la formación de equipos sólidos y eficaces.

Crear el cambio Entendemos por ‘sistema’ un conjunto estable de elementos que se interrelacionan e interactúan entre sí, dando lugar a un nuevo componente con funciones más complejas que la suma de los elementos iniciales por separado. Los sistemas son homeostáticos, se regulan a sí mismos para equilibrarse, pero cambian como resultado de interacciones con el exterior (Macy, 1991)1.

Si partimos de la premisa de que nos movemos en sistemas (el sistema solar, nuestro país, la empresa que representas, el departamento al que perteneces y el equipo de trabajo del que formas parte), al final de la cadena estás tú como individuo. Tú mismo estás formado por varios sistemas (corporal, cognitivo, social, cultural…). Por lo tanto, como parte de diversos sistemas que interactúan tienes la posibilidad de contribuir y crear cambio.

Por mí el primero Si bien, para mí, el término ‘expedición’ ya lleva implícito como valor el del trabajo en equipo, entre otros no menos importantes, quizá para otros integrantes signifique otra cosa. Las palabras, los términos y, en el mundo empresarial, las competencias no sólo se tienen que definir, sino que hay que describirlas y transformarlas en acciones y comportamientos demostrables a ojos de todos: ¿para qué estamos aquí?, ¿qué se nos ha encomendado?, ¿qué queremos que ocurra?, ¿cómo mediremos los avances?, ¿con qué recursos y fortalezas contamos?, ¿qué nos falta como equipo?, ¿qué pensamos y sentimos como equipo?, ¿qué puedo aportar al equipo y qué puedo recibir del equipo? Preguntas que comenzarían a resolver eso que Séneca afirmó: “No hay viento favorable para el que no sabe adónde va”.

¿De qué manera, y empezando por mí, puedo hacer que las cosas avancen y mejoren? Quizá ese ‘empezando por mí’ puede hacer que el sistema (equipo) comience a comportarse de forma distinta al patrón habitual que conscientemente o no hemos asumido.

“La cima es como la guinda del pastel: si me la como, bien; si no me la como, me he comido todo el pastel”
Las siguientes estrategias facilitan la formación y el funcionamiento de equipos resilientes, flexibles y adaptados:

Afrontando el cambio: querer cambiar una situación que no deseas tiene que ser mayor que los miedos y dudas que puedes encontrar en el camino.

Tomando conciencia: entre el estímulo y la reacción hay algo maravilloso que es la toma de conciencia. La lectura o interpretación que hago de lo que pasa en el mundo exterior y cómo esa lectura impacta en mi mundo interior.

Asumiendo la responsabilidad: Leonardo Wolk en El arte de soplar brasas, habla de ‘responHabilidad’, capacidad que tenemos los seres humanos para encontrar las respuestas, algo que también explica magistralmente Viktor Frankl en El hombre en busca de sentido y su ‘libertad última de elegir’.

Emprendiendo acción: sin acción no hay nada, sin acción no hay cambio y sin cambio no hay evolución ni aprendizaje.

Disfrutando del camino: el himalayista Iñaki Ochoa de Olza, que dando su vida, descansa desde mayo de 2008 en el Annapurna I, a 7.400 metros de altura, encarnaba fielmente esa pasión, ese disfrute y ese fluir con la actividad, al afirmar que “la cima es como la guinda del pastel: si me la como, bien; si no me la como, me he comido todo el pastel”.

La fuerza del equipo Cuántas veces nos obsesionamos por un futuro incierto o nos anclamos a un pasado con difícil retorno, olvidando que lo único que tenemos es el aquí y ahora. Si todos asumiésemos como propios los conceptos anteriormente citados y los compartiéramos con nuestros compañeros de equipo, esa expedición no sólo haría cima, sino que volvería sana y salva al campo base. Está en nuestras manos construir equipos íntegros y sólidos, más allá de la suma de las individualidades, capaces de afrontar cualquier reto en estos tiempos tan impredecibles.


1 Macy, J. (1991). Mutual causality in Buddhism and general systems theory: the dharma of natural systems. New York: Albany State University of New York Press.