Personas | De viaje por...

Tailandia, un país de película
Espectacular vista desde la isla de Koh Tao.
Tanto Blanca, mi novia, como yo teníamos muchas ganas de conocer algún país asiático, así que nos decidimos por Tailandia para pasar las vacaciones de verano. Fuimos en agosto, pero empezamos a prepararlo varios meses antes, pasando muchas horas delante del ordenador buscando vuelos, hoteles y excursiones. Lo organizamos todo por nuestra cuenta y queríamos llevar el viaje lo más atado posible para aprovecharlo al máximo.

Se dice que hay dos Tailandias: la del norte, en la que la cultura tradicional, los templos y los santuarios de animales son protagonistas, y la del sur, donde la naturaleza, los paisajes y las playas son el principal reclamo. Nosotros optamos por la segunda, comenzando nuestro itinerario en Bangkok, la capital del país. Tras un largo viaje en avión, llegamos a las siete de la mañana con la advertencia de no sucumbir al jet lag, lo cual es fácil por lo impactante que resulta todo cuando llegas.

Templo budista de Wat Arun, en Bangkok.
Lo primero fue la impresión que nos causó el clima. Hacía mucho calor, la humedad era tremenda y la mezcla con la contaminación dificultaba la respiración. A pesar de ello, y sin perder tiempo, nos decidimos a explorar la ciudad. Lo primero que transmite Bangkok es un gran desorden, con un tráfico caótico y un ambiente muy denso. Empezamos visitando un par de mercados, muy típicos en el país. Son lugares en los que puedes encontrar todo tipo de productos, incluidas las falsificaciones (allí son legales), alimentos, puestos de comida preparada y una enorme variedad de animales.

Pasamos dos días en la ciudad recorriendo sus calles más características y visitando los principales templos. El cambio cultural es enorme y tengo que decir que nunca había estado en un sitio igual. Eso sí, seguíamos sin acostumbrarnos a su intensa mezcla de olores. Quizá por mi formación como ingeniero, me llamó la atención cómo tenían los cables eléctricos, una auténtica maraña al alcance de cualquiera y sin ninguna protección.

Islas de cine
Buceo en las islas Phi-Phi.
Desde la capital volamos hasta Phuket, una península paradisíaca ubicada al sur del país que fue nuestro ‘campamento base’ durante cinco días. Es una zona espectacular, con paisajes y playas increíbles que son un gran reclamo para el turismo.

Desde allí hicimos dos excursiones que nos gustaron especialmente. Una fue a la isla Koh Tapu (koh significa isla en tailandés), también conocida como la isla de James Bond por haber sido el escenario de la película ‘El hombre de la pistola de oro’, y la otra fue a las islas Phi-Phi, también famosas por su aparición en películas como ‘La playa’. La realidad supera a la ficción y ambos lugares son mucho más espectaculares en vivo que en el cine. Otro de los reclamos que ofrecen estas islas es su fauna: monos salvajes y peces de todos los tipos y tamaños.

Paisaje en la isla de Ko Tapu.


Lo mejor del viaje
Enrique practica flyboard.
Desde Phuket volamos hasta la isla Koh Samui, en el sudeste, donde estuvimos otros cinco días. Fue sin duda lo que más nos gustó del viaje. El entorno era igual de espectacular que el que habíamos visto hasta entonces, pero es un lugar menos conocido y está menos explotado para el turismo, incluso sus habitantes son mucho más amables.

Con el cansancio acumulado tras varios días de intensa actividad, decidimos tomarnos esta etapa del viaje con más calma. Disfrutamos del mar haciendo snorkel y pude probar el flyboard, que me entusiasmó porque parece que vuelas sobre el agua. También hubo tiempo para visitar las islas cercanas Koh Phaluai y Koh Phangan, en la que asistimos a la fiesta tradicional ‘Full Moon Party’, en la que el cielo se llena de farolillos de luz. Por supuesto, disfrutamos de las delicias de la comida tailandesa, atiborrándonos de una gran variedad de platos típicos, destacando entre ellos el famoso ‘pad thai’ (fideos de arroz salteados en wok junto con diversos ingredientes) y frutas típicas locales como el dorian.

Tras nuestra estancia en el archipiélago Chumphon volvimos dos días a Bangkok, que aprovechamos para seguir conociendo la ciudad. Subimos a la torre Baiyoke, la más alta de Tailandia, desde la que se pueden contemplar unas vistas espectaculares en 360 grados (lástima que también se ve la nube de contaminación que flota sobre la ciudad).

Enrique, con dos ejemplares de dorian, una fruta típica tailandesa.
Lo bueno se acabó y tuvimos que volver a Madrid. Eso sí, con la satisfacción de haber completado un viaje sensacional en el que aprovechamos cada minuto disfrutando de experiencias increíbles y paisajes que no podremos borrar de nuestra memoria.