Manuel Lara, jefe de turno de instalación de oleoductos
La integridad del oleoducto y la gestión de la actividad diaria son sus principales responsabilidades en la instalación de Arahal, un trabajo del que desconecta unas horas a la semana para dedicarse a la pintura, su pasión desde que era niño.
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Manuel Lara es jefe de turno en la instalación de oleoductos de Arahal y un apasionado de la pintura. |
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"Para pintar hay que tener algo, pero la técnica es necesaria para dar ‘vida’ a los cuadros" |
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Manuel Lara lleva casi diez años siendo jefe de turno en la instalación de oleoductos de Arahal y cada mañana llega a trabajar con la misma motivación que el primer día. “La variedad de funciones y responsabilidades hace que todos los días sean diferentes y continuamente aprenda cosas nuevas, es lo que más me gusta de mi trabajo”, asegura.
Su jornada comienza temprano, a las siete de la mañana, y su primera tarea es completar el parte de existencias de producto de la instalación, que envía al Centro de Control de Oleoductos una vez revisadas las entradas y salidas que se han producido en el turno anterior. Posteriormente, se encarga de gestionar todos los permisos de trabajo requeridos para los distintos proyectos que se están ejecutando en la instalación.
Tras reunirse con los pintores que están adecuando la zona del ‘manifold’ (tuberías que conducen el producto desde el oleoducto hasta los tanques de almacenamiento) y repasar con ellos in situ las tareas previstas para el día, Manuel se acerca hasta los equipos de defensa contra incendios, donde se está realizando el mantenimiento rutinario de los motores diesel. Allí se asegura de que las personas encargadas de la revisión han desplegado las medidas de protección colectivas e individuales necesarias. “Garantizar la integridad del oleoducto exige una gran dedicación y hay que estar pendiente de que todos los trabajos se desarrollan de forma segura”, explica.
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Cada miércoles Manuel acude a clases colectivas para seguir mejorando su técnica; la tauromaquia y el costumbrismo son dos de sus temáticas más recurrentes. |
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Entre las tareas diarias de Manuel está la de mantener un contacto permanente con distintos grupos de interés del Grupo CLH en la zona. El Ejército es uno de ellos, ya que la instalación de Arahal está comunicada por oleoducto con la base de Morón y su cargadero de camiones cisterna es exclusivo para uso militar y permite abastecer las diferentes bases aéreas de la zona Sur. Hoy tiene que concretar con ellos un envío de queroseno, gestión que realiza telefónicamente tras recibir de la dirección general Comercial la autorización. Asimismo, con las Fuerzas Aéreas coordina las operaciones de mantenimiento que se ejecutan en los tanques, así como la supervisión del control de calidad efectuado a todo el producto que sale de la instalación.
Completadas las distintas tareas administrativas, como supervisar las órdenes de trabajo de mantenimiento preventivo, Manuel se acerca a comprobar cómo se desarrollan los trabajos de mantenimiento en los equipos de recogida de purgas. De vuelta en la oficina, recibe una petición de última hora de un empleado para cambiar su turno, por lo que antes de irse a casa debe asegurarse de que al día siguiente la instalación contará con los recursos humanos necesarios para su buen funcionamiento.
Entre lienzos
Manuel conduce hasta la localidad sevillana de Dos Hermanas, donde reside. Hoy es miércoles y está especialmente contento porque la tarde es toda suya. Después de comer, se dirige al centro social al que acude desde hace años para dedicar unas horas a la pintura, afición que le acompaña desde la niñez ya que, como dice, “siempre me ha gustado”.
Mientras espera a que llegue la profesora y los compañeros, prepara la paleta, las pinturas y los pinceles. Se enfunda una bata y coloca sobre un caballete el cuadro en el que está trabajando, un bodegón que poco a poco va perfilando sobre el lienzo. Dar realismo a las figuras no es fácil, por eso pone especial atención a los colores, la luz y la textura de los objetos. “Para pintar hay que tener algo, pero la técnica es absolutamente necesaria para dar ‘vida’ a los cuadros”, afirma.
Manuel disfruta de cada minuto que pasa en la clase porque es el único tiempo que dedica semanalmente a la pintura. Aquí se relaja, desconecta y se inspira con el conocimiento y las obras de sus compañeros. Combina colores en busca de la mezcla perfecta para dar profundidad a su obra, moja con suavidad el pincel y aplica una fina capa de pintura para seguir definiendo los distintos objetos que la componen.
Para él pintar es un pasatiempo, nada más. “Desde que terminé el primer cuadro a los 15 años, ya he pintado cerca de 70”, dice. Y eso que apenas lleva una década acudiendo a clases colectivas. “Empecé por casualidad, pero desde entonces no he dejado de venir”, dice. Cuatro horas semanales son compatibles con el resto de sus actividades cotidianas y, además, puede seguir mejorando su técnica.
Admirador del realismo
La profesora se detiene al lado de Manuel, observa la evolución del cuadro y le aconseja cómo dar más relieve a unas flores. El ‘artista’ busca el mayor realismo posible ya que es el estilo que más le gusta, por eso se inspira en pintores como Antonio López o Joaquín Sorolla, del que admira la “increíble luminosidad que transmite su obra”. Ahora está con un bodegón, pero se ha atrevido con distintas temáticas, sobre todo la taurina. Incluso con el que en su opinión es el más complicado, el retrato, como el que le ha hecho a Salma, una niña saharaui que tiene acogida en su casa desde hace meses para que pueda seguir estudiando.
La clase termina, recoge sus pinturas y deja el cuadro en un rincón del aula. Ahora es momento de disfrutar de la familia. “En casa nunca pinto”, asegura, pero eso no impide que siga pensando en cómo mejorar sus obras. Para la parte práctica, tendrá que esperar al próximo miércoles.
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