La revista de la gente de
Número 29 - Primer trimestre 2013

Estambul, una ciudad llena de contrastes
Fernando Paredes, jefe de la instalación de A Coruña-Bens y ganador del concurso Aporta 2011, eligió la ciudad de Estambul para disfrutar de su premio, un destino que le impresionó por la mezcla de culturas y por la belleza de sus monumentos.

 

Fernando Paredes ante la impresionante mezquita de Santa Sofía, convertida actualmente en museo.

 
  "Es un destino fabuloso para disfrutar del contraste cultural de la fusión de dos continentes"  
     

Ganar el concurso Aporta nos dio la oportunidad de viajar a Estambul, una de las ciudades marcadas entre nuestras prioridades por la multitud de características que la hacen especial. ¿Quién no ha oído hablar del Imperio Romano, del Bizantino o del Otomano? ¿Quién no ha estudiado algo sobre Bizancio o Constantinopla?

Por su situación geográfica tan singular y por toda la historia que rodea a la antigua Constantinopla, Estambul es un destino perfecto en el que empaparse de distintas culturas. La ciudad está dividida por el Bósforo en dos partes: europea y asiática. En la primera se concentran todas las maravillas que hacen de Estambul algo único, mientras que la segunda es principalmente residencial. A su vez, la parte europea está dividida por un entrante del mar de Mármara, el famoso Cuerno de Oro (Haliç). El lado sur es la zona vieja, donde se encuentran la mayoría de los monumentos que se deben visitar, mientras que el lado norte es el Estambul moderno, comercial, de ocio y de negocios.

Decidimos alojarnos en el barrio de Sirkeci, ya que está ubicado en la zona turística y se puede llegar andando a los principales monumentos. Desde aquí apenas hay un paseo al puente Gálata, que cruza el Cuerno de Oro, y al embarcadero de Eminönü, punto de partida de los ferrys que llevan al lado asiático.

 

Vista panorámica de Estambul desde el mar de Mármara.

 

Visitas obligadas
Los dos primeros días los dedicamos a conocer lo imprescindible de Estambul: Santa Sofía, Mezquita Azul, Palacio Topkapi, Gran Bazar, Mercado de las Especias y Palacio Dolmabahçe, sin olvidar el típico crucero por el Bósforo. Tampoco nos perdimos las vistas desde la Torre Gálata y la Cisterna Basílica, otras dos visitas obligadas.

Casi todos ellos se encuentran en la parte antigua de la ciudad, en los barrios de Sultanahmet y Beyazit. Paseando por ellos te sumerges en la zona con más encanto de Estambul. Es toda una experiencia contemplar estos monumentos tan imponentes al tiempo que llaman a la oración desde las mezquitas.

 

El espectacular interior de Santa Sofía.

 

Una ciudad para disfrutar
A partir del tercer día, una vez visitadas las principales atracciones turísticas, nos dedicamos a disfrutar de los diferentes barrios de la ciudad y contemplar cómo transcurre la vida en ellos. Utilizamos el transporte público para desplazarnos; como suele ocurrir en todas las ciudades, es la forma más barata y rápida de llegar a cualquier sitio.

Beyoglu y Taksim, al norte del Cuerno de Oro, son dos barrios atravesados por la calle comercial más famosa de Estambul (Istiklal). Alrededor de ella existen multitud de locales para comer, cenar y salir por la noche. Aquí la animación está garantizada y el ambiente es muy similar al de cualquier ciudad occidental.

El barrio de Ortaköy, en el lado europeo, se distingue por ser uno de los más coloristas de la ciudad. Las casas están pintadas con animados colores que dan vida a las calles, sobre todo los domingos, día en el que un popular mercado atrae a una gran multitud para comprar y vender toda clase de artículos. Por su parte, Kadiköy es un barrio residencial en la zona asiática al que se puede llegar en ferry desde Eminönü. Tiene un ambiente bastante occidental y principalmente es un punto de paso para las personas que van de un lado a otro del Bósforo.

 

Vistas desde la terraza del café Pierre Loti.

 

También en ferry, tras subir por el Cuerno de Oro, se llega hasta Eyüp, un barrio conservador y fiel a las tradiciones. Allí visitamos la mezquita de Eyüp, lugar sagrado para los musulmanes por encontrarse la tumba del portador del estandarte de Mahoma. Al lado hay una colina, a la que se puede subir en teleférico, en lo alto de la cual se encuentra el café de Pierre Loti. Este lugar nos encantó porque disfrutamos de unas vistas increíbles mientras tomábamos un çay (té turco).

Si la ciudad ya cautiva de día, por la noche es igualmente impresionante. Su iluminación, unida a su peculiar orografía, hace resaltar la magia que tiene. Es realmente espectacular poder cenar en una terraza al lado de Santa Sofía o con el puente sobre el Bósforo iluminado al fondo.

Para bien y para mal
Tengo que decir que en Estambul la circulación es un caos, ya que los atascos son habituales y los vehículos se dejan aparcados en calles estrechas de cualquier manera, teniéndolos que sortear para pasar. Cruzar la calle es, igualmente, toda una aventura, puesto que los pasos de peatones son un asunto pendiente.

 

Surtido de baklava y delicias turcas servidas en el Hafiz Mustafa.

 

Mejor opinión nos dejó la gastronomía local, muy buena y asequible de precio. Para mí, lo más destacable son los dulces: buenísimos los baklava y las delicias turcas. Recomiendo un sitio que se llama Hafiz Mustafa en Sirkeci, donde puedes tomarte un café o té en su primera planta degustando estos dulces tan exquisitos.

Después de pasar unos días aquí, no hay duda de que Estambul es un destino fabuloso y muy recomendable para disfrutar del contraste cultural de la fusión de dos continentes.

 

 

 

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