Vértigo, cuando todo te da vueltas
Cuidar la higiene de los oídos, protegerse de infecciones respiratorias y no realizar movimientos bruscos ayudan a evitar el vértigo, una sensación ilusoria de movimiento de los objetos que incide negativamente en la calidad de vida de las personas que lo padecen.
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"El tabaco, el alcohol y la ingesta excesiva de azúcares pueden agravar el vértigo" |
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Balanceo, giro, falta de estabilidad, inclinación del suelo o precipitación al vacío. Éstas son algunas de las sensaciones que provoca el vértigo, una sensación ilusoria o alucinatoria que afecta a cerca del 20 por ciento de la población española y que representa tres de cada diez consultas del otorrinolaringólogo.
Existen dos tipos de vértigo según su origen. Si la sensación de movimiento está provocada por afecciones del laberinto, el órgano encargado del equilibrio (ubicado en el oído interno), o del nervio vestibular (conector del oído interno al cerebro), se conoce como vértigo periférico. Quién lo padece puede presentar otros síntomas como pérdida de audición, zumbidos (acúfenos), presión y dolor en el oído. Además son frecuentes las náuseas, los vómitos, el malestar general, la sudoración o el nistagmus (movimiento rápido de los ojos).
Las causas más frecuentes son el vértigo posicional benigno, cuadro agudo de segundos de duración relacionado con cambios posturales; la enfermedad de Ménière, que se caracteriza por provocar crisis de vértigo repetidas y pérdida de audición; y la neuritis vestibular, crisis de vértigo que afecta sobre todo a personas jóvenes después de una infección de vías respiratorias altas. Es posible que en ocasiones no se consiga conocer su causa (idiopática).
Por su parte, el vértigo central se produce cuando se afectan estructuras neurológicas del sistema vestibular, cuyos núcleos se encuentran en el tronco del encéfalo. Puede tener su origen en enfermedades como la esclerosis múltiple, los trastornos vasculares y enfermedades que afectan a los nervios craneales. En estos casos pueden aparecer síntomas como alteraciones posturales y de la marcha con inestabilidad llamativa, visión doble, problemas para la deglución, etc.
Vértigo o mareo
A la hora de hacer un diagnóstico, es importante diferenciar si es vértigo lo que realmente aqueja al paciente, puesto que permite hacer una primera orientación causal. Conviene aclarar que una persona con mareo siente que su cabeza ‘flota’ y sufre inestabilidad, sensaciones que pueden acompañarse de vista nublada o desvanecimientos. En el vértigo la impresión es de que la persona no deja de girar respecto al entorno (subjetivo) o que las cosas son las que giran a su alrededor (objetivo). La mayoría de las causas de mareo no son graves y mejoran espontáneamente o se tratan de manera fácil. No obstante conviene consultar a un médico para descartar patologías de mayor importancia.
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Para determinar el origen del vértigo y adecuar su tratamiento, es importante que el médico revise el historial clínico del paciente para comprobar si existen otras afecciones de tipo auditivo u otros síntomas relacionados. Asimismo, debe revisar el consumo de fármacos, ya que algunos medicamentos, como el ácido acetilsalicílico y otros antiinflamatorios, algunos antibióticos, diuréticos o antidepresivos, pueden ser nocivos para el oído. En este caso puede ser recomendable suspender su administración.
Los exámenes físicos también ayudan a realizar un diagnóstico. Mediante ellos se estudia, por ejemplo, los movimientos del ojo, ya sea a través de la exploración física directa o a través de una prueba específica que mide la respuesta ocular frente a estímulos. Si la movilidad es anómala puede indicar una posible disfunción del oído interno o de las conexiones nerviosas entre éste y el cerebro.
Las pruebas físicas también se centran en el conducto auditivo con el fin de identificar si existe alguna infección en el mismo y si existen pérdidas de audición. Además, es preciso estudiar el control postural y el equilibrio, tanto en reposo como en movimiento. Otras pruebas, como la radiografía, la resonancia magnética o el TAC, pueden descartar problemas más graves como traumatismos o tumores en el nervio vestibular.
La prevención como aliada
Es posible prevenir la aparición de vértigo siguiendo unos sencillos consejos. Cuidar la higiene de los oídos ayuda a evitar infecciones en esta parte tan relacionada con los problemas de vértigo. Lo mismo sucede con las infecciones respiratorias, por lo que es recomendable no exponerse a cambios bruscos de temperatura y evitar los lugares concurridos y con ventilación deficiente. Si ya se está enfermo, conviene taparse la boca y la nariz en ambientes poco adecuados.
Debe evitarse el consumo de tabaco, ya que contiene sustancias que reducen la vascularización del oído, de alcohol y la ingesta excesiva de azúcares, que favorecen la deshidratación pudiendo influir en la composición de los fluidos del oído y empeorar la sensación de mareo.
En caso de sufrir un episodio agudo de vértigo, es fundamental guardar reposo todo lo posible hasta que ceda la crisis. Puede recomendarse la ingesta de fármacos, antivertiginosos y/o antieméticos cuando se tienen náuseas y/o vómitos. Además, se recomienda dormir con una almohada baja y no realizar cambios bruscos de posición. Debe evitarse la conducción de vehículos y el manejo de maquinaria peligrosa hasta que no hayan desaparecido los síntomas. En casos de vértigo posicional benigno, una vez pasado el episodio es útil realizar ejercicios de rehabilitación, que se realizan en posición sentada, con los ojos cerrados, cayendo hacia ambos lados alternativamente y de forma rápida.
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