La revista de la gente de
Número 22 - Segundo trimestre 2011
 

China, despierta el dragón
Ibón Ibarrola, técnico de Explotación de CLH Aviación, visitó China durante dos semanas para descubrir un país con unas tradiciones muy arraigadas que poco a poco va abriendo su cultura al mundo.

 

Los rascacielos de la zona financiera dominan toda la ciudad de Shangai.

 

El pasado mes de septiembre, junto con mis amigos Raúl y Víctor, iniciamos un viaje de dos semanas a China. La distancia que separa España del país asiático es enorme y los vuelos, eternos. Antes de llegar a Pekín (o Beijing, como se prefiera), hicimos escala en Dubai, un aeropuerto con mucha actividad al tratarse de un gran ‘hub' entre Asia y Europa, y otra más en Shangai, muy similar a la T 4 de Madrid-Barajas ya que son del mismo arquitecto, Richard Rogers.

En nuestro primer día visitamos la Ciudad Prohibida , que durante cinco siglos fue la residencia del emperador. Aunque estuvimos allí bastantes horas nos quedamos con la sensación (que así fue) de no llegar a verla entera. Mientras caminábamos por este lugar intenté estudiar los números en chino y alguna palabra suelta. Leímos también algo de historia en las guías de mis amigos: muchos asesinatos por llegar al poder y por conseguir intereses; algunas historia bonitas, otras un poco crueles… Mucha de la historia está recogida en pinturas y grabados en la Ciudad Prohibida.

Tras un breve paso por el hotel, fuimos a cenar y pude probar el pato a la Jia Xing , que lo sirven con la cabeza y parece que te está mirando con cara de pena. Después fuimos al Mercado de la Seda , que es como El Corte Inglés pero lleno de tiendas con imitaciones. Cuando pasabas por delante de ellas, los dependientes te cogían de la mano y te enseñaban todos sus productos y trataban de convencerte para comprar.

 

Vistas desde la impresionante Gran Muralla, sin duda la construcción más famosa y reconocible de China.

 

Víctor y Raúl tenían miles de encargos y no paraban de mirar todas las tiendas. A mí las compras me agotan, así que me dediqué a practicar el poco chino aprendido a lo largo del día con los comerciantes, que a su vez estaban muy interesados en aprender español. Intercambios culturales y muchas risas; son gente bastante agradable y respetuosa, además de buenos comerciantes, muy buenos.

Tesoros nacionales
Agotados de tanto caminar y tanta compra, nos fuimos al hotel porque al día siguiente teníamos excursión a la Gran Muralla. Nos recogieron pronto en un minibús y fuimos entrando en los anillos de Pekín, que son como las M30, M40 y M50 de Madrid; aquí ya van por el sexto. Todo es enorme y el tráfico, insoportable. La guía nos contó que la ciudad tiene 20 millones de habitantes y que entre semana tienen restricciones para circular. El cielo de Pekín ya no se ve azul desde hace mucho y es raro ver un día despejado debido a la contaminación.

De camino visitamos la tumba de la Dinastía Ming ; el primer emperador de esta dinastía eligió Pekín como capital en 1402. Él fue quien construyó la Ciudad Prohibida y el Templo del Cielo (el emperador era el hijo del cielo). Se construían las tumbas porque creían en la vida después de la muerte y las hacían en sitios secretos para evitar saqueadores. La mayor parte de ellas no están abiertas al público.

Por fin llegamos a la Gran Muralla. En la parte superior, decidimos ir por la ruta más dura y que descartaron el resto de las personas del grupo con las que íbamos, por lo que tuvimos la Muralla sólo para nosotros, al menos una parte. Es impresionante en todo, pero llama la atención su tamaño, lo bien conservada que está y cómo pudo construirse con una orografía tan complicada. Estuvimos un buen rato caminando y en algunos tramos casi escalando de lo empinados que eran, pero las vistas y paisajes increíbles merecían la pena. No había visto nunca nada parecido. De vuelta a Pekín pasamos por la Villa Olímpica y paramos en una fábrica de artículos de seda.

 

Cientos de habitantes de Shangai abarrotan las calles durante la celebración de una fiesta nacional.

 

Inmersión cultural
El siguiente día visitamos la plaza de Tian-anmen y el Templo del Cielo, abarrotados de gente al ser día festivo. Por la tarde nos dirigimos a la estación del Oeste para coger un tren nocturno hacia Xian, nuestro siguiente destino, donde pudimos ver los famosos Guerreros de Terracota. Es impresionante lo grande que es el sitio, la cantidad de estatuas que hay y el gran número de visitantes. Hay varias naves y en todas ellas hay excavaciones y trabajos de restauración. Terminada la visita nos fuimos al centro de Xian, una ciudad no muy bonita y con tráfico peor que el de la capital, para matar el tiempo antes de coger el tren que nos llevaría de vuelta a Pekín.

Después de un viaje de vuelta muy animado, llegamos a nuestro hotel de Pekín y, tras una reparadora ducha, nos fuimos a una zona comercial. Estábamos muy cansados, así que pasamos el día haciendo alguna visita y, por la noche, salida nocturna por algunos bares. Para nuestra sorpresa la gente joven ya habla bastante inglés, por lo que nos podemos comunicar mejor, así que fue divertido.

Al día siguiente, un guía nos enseñó la ciudad y nos contó muchas cosas sobre la cultura china, como que las familias siguen prefiriendo tener hijos varones a mujeres o que no se puede tener más de un hijo (tiene una fuerte sanción económica); los que tienen posibilidades se van a Hong Kong a tener más hijos y los registran allí. Después de ver el Palacio de Verano y los antiguos jardines de la Ciudad Prohibida , fuimos a comer un ‘hot pot', plato típico de allí, muy bueno. Tras la cena paseamos por una zona comercial llena de karaokes, una de las aficiones preferidas del pueblo chino, rodeada por unos lagos que pertenecían al antiguo Gran Canal, que atravesaba China y que se construyó para el transporte a través del país.

 

Los Guerreros de Terracota son la mayor atracción turística de la ciudad de Xian.

 

De compras en Shangai
Nos despedimos de Pekín rumbo a Shangai, donde nos encontramos con los mismos atascos que habíamos dejado en la capital. El primer día sólo nos dio tiempo a pasear por la orilla del río Huangpu y ver al otro lado Pudong, la zona financiera de la ciudad, llena de edificios enormes muy iluminados que recuerda a la película Blade Runner. El segundo lo pasamos todo el día de compras por distintos distritos.

Es curioso porque se te acercan los habitantes para preguntarte qué estás buscando. Da igual lo que digas porque te llevan a distintos comercios donde tienen todo tipo de imitaciones. Este mercado está bastante oculto al exterior porque con los Juegos Olímpicos de 2008 se quiso lavar la cara del comercio de falsificaciones. Por eso te llevan a tiendas, que tienen trastiendas, en donde está la mercancía. Es un mundo diferente; tienen tiendas dentro de las casas, te llevan por sus barrios, entras en edificios en los que está el abuelo limpiando el pescado y la madre te atiende con un bebé en brazos. Incluso a mí, que iba con idea de comprar poco, me fascinó. Pasamos un día entero entrando en las vidas de aquellas personas, toda una experiencia digna de disfrutar.

 

Construcción típica y estatua de Buda en la ciudad de Suzhou.

 

Al día siguiente fuimos a la Expo de Shangai. Tras visitar varios pabellones llegamos al de España y nos llevamos una grata sorpresa porque era la semana de Euskal Herria (los tres somos de Bilbao). Comimos allí y pasamos la tarde conociendo las instalaciones de algunos países. Antes de disfrutar de nuestros últimos días en Shangai pasamos una jornada en Suzhou, a la que llegamos en tren de alta velocidad y donde visitamos varios parques y edificios interesantes de la ciudad, que se ve bastante nueva.

El viaje llegaba a su fin. Pero antes visitamos la zona financiera de Pudong, donde subimos a la torre Oriental Pearl, que tiene un mirador con el suelo de cristal que impresiona mucho pero con unas vistas espectaculares. Por la tarde hicimos un entretenido crucero por el río. Nuestro último día coincidió que era festivo en China y las calles estaban a tope, tanto que a alguien de España eso le hubiese parecido una manifestación.

Paseando y reflexionando antes de volver a Madrid me dí cuenta de que aprender chino es parte del futuro porque vamos a tener relaciones comerciales con ellos, seguro. La china es una sociedad muy trabajadora, amable y educada. Las cosas han debido cambiar mucho en los últimos años y, para comprobarlo, recomiendo a todo el mundo viajar a China. Enriquece mucho.

Texto y fotografías:
Ibón Ibarrola

 

 

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