La vida es sueño
Dormir es un ejercicio necesario para el perfecto funcionamiento del cuerpo humano, aunque en ocasiones los trastornos del sueño impiden desarrollar esta actividad con normalidad.
Para una gran mayoría de personas, dormir es una de las actividades más satisfactorias de las que pueden disfrutar. De hecho, casi un tercio de nuestra vida la pasamos durmiendo. Sin embargo, para otro sector de la población esta actividad, más que un placer, se convierte en un verdadero quebradero de cabeza debido a las llamadas enfermedades o trastornos del sueño, un problema que, según la Universidad de Navarra, afecta a un 40 por ciento de la población en algún momento de su vida y un importante grupo los padece de forma habitual.
Los problemas del sueño están constituidos por un grupo numeroso de alteraciones que impiden un descanso reparador. En líneas generales no suelen ser graves, en el sentido de implicar un riesgo vital, pero sí son importantes por las implicaciones que tienen en la actividad diaria. Así, una persona que no experimente el descanso necesario puede sufrir, por ejemplo, agotamiento físico, somnolencia diurna, bajo rendimiento en sus actividades, problemas para cumplir con sus obligaciones y mayor riesgo de accidentes.
Los más habituales
Se conocen múltiples trastornos relacionados con el sueño, siendo cuatro los más habituales: insomnio, hipersomnia, apneas y ronquidos y parasomnias. De ellos, el insomnio crónico, es decir, la permanente falta de sueño, es el más grave ya que provoca un malestar y un estado de nerviosismo que impiden el descanso. Dormir bien es un hábito y una necesidad, sólo hace falta conocer qué herramientas se necesitan para conseguirlo.
La alteración del sueño más común es el insomnio, especialmente en personas de entre 20 y 40 años, edad que suele coincidir con la inserción en el mundo laboral y con la adquisición de responsabilidades. Según la dificultad para conciliar el sueño, los despertares nocturnos o el fin prematuro del sueño, se pueden distinguir varios tipos de insomnio. Este problema también se relaciona con enfermedades como la ansiedad y otras patologías de origen psiquiátrico, el hipertiroidismo o bien enfermedades que produzcan dolor u otras molestias nocturnas.
El caso contrario, es decir, un aumento de las horas normales del sueño, se denomina hipersomnia. El trastorno relacionado más conocido es la narcolepsia, por la que el paciente, además de presentar una somnolencia excesiva durante el día, experimenta ataques de sueño que puede ir desde los 30 segundos hasta la media hora.
Por su parte, el ronquido se produce por la obstrucción mecánica temporal de las vías respiratorias altas y es un problema bastante extendido entre los varones a partir de 40 años, especialmente si sufren además sobrepeso. En un gran número de casos, los ronquidos vienen acompañados del denominado síndrome de apneas obstructivas del sueño, que suponen la detención de la respiración durante más de diez segundos.
Se calcula que un 5 por ciento de la población adulta padece problemas de apneas, si bien también puede aparecer en los niños. Se trata de un proceso frecuente e importante debido a las enfermedades asociadas, sobre todo de origen nasofaríngeo o endocrino (obesidad, hipotiroidismo). Además, como consecuencia de las apneas pueden aparecer otras alteraciones como hipertensión arterial, arritmias cardiacas, cefaleas o depresión.
Por último, las parasomnias son trastornos frecuentes en niños. Algunas de las formas más habituales de este problema son el sonambulismo, los terrores nocturnos o las pesadillas. Otros cuadros más leves y que pueden presentarse a cualquier edad son los calambres en las piernas, confusión al despertar o parálisis brusca durante el sueño.
Cómo conciliar el sueño
Dormir es, en esencia, un hábito, por lo que debemos acostumbrar nuestro cuerpo a esta actividad. Durante el día, es importante mantener un horario de comidas regulares, realizar ejercicio físico y evitar las bebidas estimulantes. Antes de acostarnos, es recomendable hacer cenas ligeras y dejar transcurrir al menos una hora antes de irnos a la cama.
En el dormitorio, es importante meterse en la cama una vez que se sienta algo de sueño, porque de lo contrario nos costará más relajarnos y quedarnos dormidos. Del mismo modo, se debe evitar ver la televisión, escuchar la radio o leer en la cama. Las condiciones ambientales deben favorecer la ausencia de luz y ruido, al tiempo que se aconseja dormir sobre una cama dura y con una almohada blanda. Por último, debemos respetar el mismo horario de acostarse/levantarse todos los días, un hábito que hará que nuestro cuerpo se acomode para conseguir un sueño adecuado.
Es importante recordar que, para diagnosticar un trastorno del sueño, no hay que fijarse únicamente en el número de horas que se ha dormido, sino que habrá que investigar cómo es el patrón del sueño y qué circunstancias lo acompañan, además de revisar el historial médico, los antecedentes familiares y realizar una exploración completa. En caso de duda, lo más recomendable es acudir al especialista.
[ Imprimir artículo ] [ < Volver ]