La revista de la gente de
Número 18 - Segundo trimestre 2010
 

La India, paisaje humano
Concha Rodríguez, de la dirección de Sistemas de Información, retrata la realidad social de la India, un país que “provoca sensaciones contradictorias en el viajero occidental y que impresiona por el pálpito de su sociedad”.

 

 

 

Para los R. Burton, J. Speke, Dr. Livingstone, etc., la exploración de nuevas tierras, a mediados del siglo XIX, estaba guiada por algo más que el mero interés geográfico, patriótico o misionero. Quizás sus motivaciones iniciales fueran éstas, pero, como se desprende de sus escritos, según pasaban días y hechos, aquellos hombres acababan siendo presa de lo que Roland Barthes llamó factor iniciático (“Todo viaje es iniciático”).

Naturalmente, la época de las zonas ‘geográficas blancas' ha concluido, y con ellas una forma de exploración, pero lo que sigue en pie es el desafío que se halla implícito en todo viaje auténtico.

Ya no quedan fuentes del Nilo por descubrir, pero tampoco nos hallamos irremisiblemente viviendo una ‘aldea global', Hoy, cuando se ponen kilómetros y culturas por medio, sigue apareciendo la relativización ‘orientativa' que sacude indolencias.

Buena prueba de que, aún en el inicio del siglo XXI, hay lugares (culturas) que ofrecen al viajero la posibilidad de caminar por laberintos inescrutables, es la India. Basta andar por sus ciudades o pueblos para comprobar que la ‘aldea global' todavía contiene toperas, buhardillas y rincones olvidados.

Rincón, la India , del que, en palabras de S. Rushdie, “¡hay tantas historias que contar, demasiadas, tal exceso de vidas, acontecimientos, milagros, lugares, rincones entrelazados, una mezcolanza tan densa de lo improbable a lo mundano!”. Buhardilla, en la que permanecen atesorados testimonios de historia, leyenda y realidad. Topera, de infinitas topologías, oscura, subterránea, ajena y cercana.

La India provoca desde la llegada fuertes reacciones contradictorias. Atención y rechazo. Es un país de dicotomías exacerbadas para incomprensión del occidental.

La India impresiona no tanto por su configuración o sus documentos, sino por sus propios personajes, por el pálpito de su sociedad. Pulso de cotidianeidad que es el que he recogido en estas fotografías.

Me ha interesado acercarme a sus actividades cotidianas, ver lo que ocurría en la calle, huyendo del estereotipo.

Al fotografiar desde el alfarero al harinero, pasando por el perfumista o el fotógrafo, he querido ver si, en ellos, estaba presente el magnetismo que irradia su sociedad. Como no podía ser menos, en el taller del afilador o en la mirada de una niña se encuentra el origen de las peculiaridades que hacen de este país fuente inagotable de leyendas y misterios. Digo que no podía ser menos porque, en definitiva, son ellos quienes conforman y dan vida a su país. País en el que, para el viajero, todavía es posible asistir con Mowgli al baile nocturno de los elefantes.

Texto y fotografías de:
Concha Rodríguez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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