Cataluña, el dominio del mar
Girona, naturaleza; Tarragona, playa; Barcelona, modernismo; Lleida, cumbres y valles. Cada una de las provincias de Cataluña exhibe un encanto único cuya mezcla es una singular belleza esparcida a orillas del Mediterráneo.
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La privilegiada situación de
Barcelona a orillas del Mediterráneo la convierte en centro cultural de Europa. |
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Cataluña es una tierra con personalidad propia. Su lengua, arte, historia y arquitectura dan testimonio de ello, así como el legado de un pasado único y particular forjado en etapas como la ocupación romana, la unificación catalana (que se produjo con los Condes de Barcelona en los siglos X y XI) o el nacimiento del reino medieval de Cataluña. Todas ellas han dejado un incalculable patrimonio que se refleja en monumentos romanos, construcciones románicas y góticas y pueblos medievales, entre otros muchos tesoros, como el Valle del Boí, en Lleida, donde paisaje y arquitectura se combinan de manera admirable.
La historia ha impregnado a Cataluña de una inconfundible cultura mediterránea, aunque esta comunidad es uno de los lugares más cosmopolitas de España. Su privilegiada situación junto al mar Mediterráneo convierte a sus ciudades en importantes focos culturales y comerciales, además de poseer un gran patrimonio histórico y artístico.
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Las calas constituyen una de las señas de identidad de la costa catalana. |
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De esta tierra sorprende la variedad de sus paisajes, con una escenografía de 650.000 hectáreas de espacios naturales protegidos y más de 580 kilómetros de litoral bañados por el Mediterráneo: Costa Brava, Costa del Maresme, Costa del Garraf y Costa Dorada, además de
centenares de playas y pequeñas calas de ensueño.
Pero Cataluña no ofrece únicamente atractivos rincones de sol y arena. De su interior destacan las cumbres de los Pirineos, con pueblos remotos dignos de un cuento, y maravillas como el Valle de Arán, en Lleida. En esta zona sobresale la combinación de picos de más de 3.000 metros y profundos valles, salpicados de áreas boscosas, zonas de pastos y cristalinos lagos. Este entorno sirve de refugio a numerosas especies salvajes, como corzos, rebecos o jabalíes, al tiempo que ofrece a los amantes del deporte y la aventura el escenario perfecto para disfrutar de actividades como la escalada, el rafting o el piragüismo. Otro foco de atracción es, sin duda, Baqueira Beret: un privilegiado espacio natural que hace de esta
estación de esquí una de las mejores de España.
Playa y montaña
La geografía catalana cuenta con numerosos parques y reservas naturales que cautivan a todo el que los visita. Uno de los más destacados, por ser el único Parque Nacional de la comunidad, es el de Aigüestortes, un paraje de extrema belleza que es fruto de la erosión glaciar que, durante tantos años, ha dado lugar a sus característicos valles de granito de color negro pizarra. El agua es quizás su principal protagonista: más de 200 lagos y numerosos ríos, así como barrancos, cascadas y marjales, que componen uno de los paisajes más atractivos de los Pirineos.
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La Pedrera, en Barcelona, es una de las obras más reconocidas de Gaudí. |
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Más allá de las montañas y valles, Cataluña ofrece también playas muy variadas. Una de las zonas más reconocidas es la Costa Brava, que se
extiende desde la provincia de Barcelona hasta la de Girona, la más oriental de la Península. En su caprichoso paisaje se alternan las llanuras de la depresión costera del Ampurdán con las cumbres y bosques de los Pirineos.
Aquí es imprescindible hacer una parada en Figueras, ciudad natal del genio del surrealismo Salvador Dalí. Su principal atractivo es el museo dedicado al pintor, que alberga una colección de algunas de sus obras más importantes. El arte es igualmente el denominador común de localidades como Cadaqués y Portlligat, muy relacionados también con Dalí y que cuentan con numerosos museos y galerías. Estos pequeños pueblos de pescadores se suman a otros lugares que brillan con la misma luz propia, como es el caso de L’Escala, muy conocida por sus anchoas, y Tossa de Mar, cuya muralla del siglo XIV es uno de sus mayores reclamos.

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Los pueblos de montaña son un gran atractivo del pirineo leridano. |
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Ciudad romana
En el sur de Cataluña, la Costa Dorada baña la ciudad de Tarragona, un asentamiento muy importante para el imperio romano. Tanto es así que, según la leyenda, el dios Júpiter abandonó a su esposa Tiria al enamorarse de la ciudad. La historia afirma que fue en el año 218 a.C. cuando los romanos se establecieron en este lugar, que llegó a convertirse en capital de la Hispania Citerior. De aquella época se conserva un riquísimo patrimonio monumental: la muralla que rodea al casco antiguo, el fórum, el anfiteatro, el acueducto, la Torre de los Escipiones y el Arco de Bara.
Más allá de Tarragona, la Costa Dorada atrae cada año a miles de turistas nacionales y extranjeros, que buscan sol y diversión en localidades como Castedelldefels, Cambrils o Salou. En esta última se enclava el parque temático Port Aventura, un lugar de emociones y entretenimiento en el que es posible viajar a través del túnel del tiempo y recorrer el México azteca, descubrir los misterios de la China Imperial, explorar las selvas de la Polinesia…

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Detalle del órgano ubicado
en el Palau de la Música
de Barcelona,
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La huella de Gaudí
Cosmopolita, dinámica y abierta, Barcelona, la capital, se distingue especialmente por los trabajos del arquitecto Antoni Gaudí quien, junto con grandes artistas contemporáneos, dio a la ciudad un aspecto nuevo y excitante que la han situado en la cúspide del modernismo. Sus edificios, muchos de ellos reconocidos como patrimonio de la Humanidad, siguen dando movimiento y color a las calles de Barcelona, manteniéndose impasibles y vivos ante el paso del tiempo.
Obras como la Sagrada Familia, el Palau de la Música, el Museo Picasso, la Catedral, el Museo de Arte Contemporáneo, el Parque Güell o el Teatro del Liceu, fotografiados hasta la saciedad, son genuinos símbolos de la ciudad. Algunos de ellos forman parte de la Barcelona clásica; otros, de su nuevo encanto: una ciudad que se abre al mundo como un centro que aúna el diseño, las nuevas tendencias artísticas y los movimientos de vanguardia.
Recorrer el laberinto de calles que conforman el casco antiguo es esencial para comprender los diferentes periodos de la historia de la ciudad. Esencial también es dar un paseo por La Rambla –tantas veces transitada–, donde se esconden decenas de rincones de evocación literaria, entre ellos ‘Els Quatre Gats’, una especie de taberna inaugurada en 1897 y que frecuentaban escritores como Santiago Rusiñol o Rubén Darío y donde Picasso presentó su primera exposición individual.

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La estación de esquí de Baqueira Beret es una
de las preferidas por los amantes de la nieve. |
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Sabor local
No podemos salir de Cataluña sin descubrir algunos de los secretos de su cocina, como los suculentos arroz negro y arroz de montaña; platos que mezclan elementos del mar y de la montaña, como las albóndigas con sepia; o las atrevidas combinaciones de dulce y picante como los caracoles de las comarcas de la Cuenca de Barberá, los guisos de liebre y los calamares con guindilla.
Imprescindible también es la crema catalana, uno de los postres más típicos y tradicionales de Cataluña. Una original y sofisticada receta que se puede encontrar en cualquier rincón de España pero que refleja la diversidad de una región que se distingue por su originalidad y variedad.