Número 6 - Segundo trimestre 2007
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Protegiendo el oleoducto
La vigilancia de la red de oleoductos es una tarea imprescindible para mantener activa la principal vía de suministro de carburante del país, un cometido que requiere el recorrido completo de la línea numerosas veces al año.

  El perfecto mantenimiento de la señalización es una tarea esencial en el recorrido de la línea.

 

La red de oleoductos de CLH se extiende de una punta a otra de España y abarca cerca de 3.500 kilómetros de recorrido. La ‘tubería’ o ‘tubo’, como se conoce coloquialmente al oleoducto, garantiza el suministro de producto a la mayoría de instalaciones de la compañía, de ahí la necesidad de mantenerlo siempre en perfectas condiciones.

Esta responsabilidad recae sobre la Subdirección de Explotación de Oleoductos y, más concretamente, sobre los seis Centros de Explotación que existen en la compañía: Norte (Miranda de Ebro), Nordeste (La Pobla de Mafumet), Centro
(Loeches), Levante (Alicante), Centro Sur (Poblete) y Sur (Arahal), además de la unidad de Gestión de Integridad de Instalaciones.

A ellos también hay que sumar el personal de mantenimiento y de las instalaciones de almacenamiento que puedan verse afectadas, así como personal externo a CLH contratado para colaborar en esta misión. Todos ellos desarrollan un trabajo muy importante en el recorrido de vigilancia de la línea del oleoducto para detectar posibles anomalías en su funcionamiento.

Tipos de vigilancia
El principal objetivo de controlar la red es, en palabras de Javier Alonso, jefe del Servicio Técnico de Oleoductos, “salvaguardar su integridad para evitar cualquier incidente que pueda afectar al suministro de producto”. Esto se refiere de manera especial a los impactos que pueda sufrir la tubería por parte de terceros, que como recuerda Alonso “son la principal causa de roturas no sólo en España, sino en el mundo”.

  Operarios midiendo la profundidad del oleoducto.
 

Y es que no hay que olvidar que la mayor parte del recorrido de la traza (la zona por la que pasa el oleoducto) atraviesa terrenos en los que los trabajos agrícolas, de mejora o ampliación de las comunicaciones terrestres o de construcción son habituales.

Esto se consigue llevando a cabo una vigilancia exhaustiva, con una frecuencia variable en función del análisis de riesgos realizados, que puede ser de dos tipos: terrestre, que incluye el patrullaje a pie y en vehículo, o aérea, para la que se requiere el uso de helicópteros. De la terrestre se encargan principalmente los Centros de Explotación, mientras que de la segunda es una empresa externa la que realiza gran parte del trabajo, en muchas ocasiones con la colaboración y participación de personal de CLH. Todos los trabajos se realizan siguiendo la norma interna (o instrucción técnica) de CLH.

Los tres sistemas son complementarios, con el fin de conseguir el óptimo cuidado de la red de oleoductos. Cada uno tiene una planificación anual específica que contempla actuaciones concretas para sacar partido del modo en que se desarrolla. Así, comenta Alonso, “el patrullaje a pie permite tener un contacto directo con el oleoducto y el aéreo supone una enorme agilidad, mientras que el vehículo combina las dos facetas”.

Andando por la línea
La totalidad del oleoducto se recorre a pie al menos una vez al año por medio de patrullas pertenecientes a cada uno de los Centros de Explotación. Con este ‘paseo’ de casi cuatro mil kilómetros se obtiene una conclusión muy detallada del estado de la línea y de la geografía por la que discurre, detectando incidencias que desde el aire no sería posible.

  La vigilancia de la traza por las zonas urbanas requiere especial atención.
 

Las personas encargadas de ello controlan, por ejemplo, la profundidad media de la tubería –utilizando un detector qué indica a que distancia se encuentra–, la erosión del terreno, el buen estado de la señalización o las invasiones de la traza (zona de seguridad por donde circula el oleoducto), así como síntomas que denoten un escape de producto (como manchas en el terreno, olor a hidrocarburos o vegetación seca). En estos casos, el personal encargado debe hacer un mantenimiento básico de primer nivel o bien informar a Mantenimiento si se requiere una mayor especialización y medios para subsanar las incidencias.

El principal peligro procede de las obras y de la maquinaria pesada del campo, “por esta razón, es fundamental fomentar la comunicación y el contacto continuo con los propietarios de los terrenos y personal ajeno, para que se conciencien de la necesidad de seguir unas normas mínimas a la hora de trabajar cerca de la traza”, señala Brent Miller, subdirector de Explotación de Oleoductos.

Esta idea la confirma Francisco Romero Muñoz, operario de Explotación de Oleoductos de Adamuz, “la buena relación que tenemos con los propietarios nos evita muchos problemas, por ejemplo el que nos avisen de cualquier cosa que tengan que realizar cerca del oleoducto porque saben que nosotros no estamos para poner trabas, sino para ayudarles y evitar situaciones de riesgo para todos”.

  El vehículo todo-terreno es una herramienta necesaria para la vigilancia del oleoducto.
 

En todo-terreno
El mismo personal que lleva a cabo el patrullaje a pie es el que ejecuta la vigilancia sirviéndose de vehículos, siempre del tipo todo-terreno para adaptarse a las características del recorrido. Se trata de una herramienta de gran ayuda, pero conducir estos coches por determinadas superficies conlleva ciertas dificultades. Por ello, la mayor parte del personal que tiene que hacer este patrullaje ha pasado por el curso de conducción segura, incluido en el Plan de Prevención de CLH.

El vehículo es necesario para llevar a cabo el control periódico de puntos considerados de especial relevancia. La frecuencia de visita a estos lugares es quincenal, aunque este tiempo se acorta si se trata de puntos que requieren un mayor control. Es el caso de las zonas urbanas, pantanos o cruces importantes de ríos, carreteras o vías de tren.

En este sentido, las válvulas de línea necesitan un control permanente. Aquí el examen se realiza de forma visual, comprobando que los cierres no hayan sido forzados, que el camino de acceso se encuentre despejado y en buen estado, que no existan fugas o que no haya agua en las arquetas. Asimismo, los densímetros son otro elemento a revisar, sobre todo que no haya ruidos anormales en bombas o vibraciones en las tuberías de conexión.

 
El helicóptero recorre la totalidad de la línea 18 veces al año.
 

En estos casos es obligado hacer un mantenimiento preventivo si procede, aunque por las características de los elementos se hace necesario contar con equipos específicos, de conformidad con la normativa en vigor. Así, antes de inspeccionar una válvula, y siguiendo las normas de seguridad al respecto, se debe utilizar un medidor de detección de atmósferas explosivas y, si se requiere, máscaras con bombona de oxígeno para acceder a ella. Sin olvidar, por supuesto, la ropa de trabajo reglamentaria.

Desde el aire
La compañía introdujo en 1993 la vigilancia aérea de la línea, una tarea que se desarrolló primero por medio de avionetas y que, posteriormente, comenzó a llevarse a cabo con helicópteros. Estos aparatos, en opinión de Rafael Fernández, jefe de Integridad de Instalaciones, “aportan ventajas significativas, como la posibilidad de aterrizar en casi cualquier punto y volar a menor altura y baja velocidad, lo que mejora el grado de observación”.

 
El helicóptero que realiza la vigilancia aérea recorre la totalidad de la línea 18 veces al año.
 

A lo largo del año se efectúan 18 vuelos completos al oleoducto en diferentes etapas. Cada uno de ellos tiene una duración media de diez días, ya que a veces la climatología es quien decide, y recorre casi la totalidad de la línea (por motivos de seguridad, hay zonas que quedan excluidas, son las llamadas zonas de sombra).

La privilegiada posición del helicóptero (de 150 a 200 metros de altura) permite examinar con detalle los cruces de ríos, los pasos montañosos, la vegetación excesiva sobre el oleoducto o defectos en su señalización. La actividad de terceros es igualmente importante a la hora de controlar la línea, y desde el aire es muy fácil localizar cualquier construcción irregular que se esté haciendo en un terreno por donde pasa el oleoducto. Si detectan cualquier anomalía, los tripulantes avisan de inmediato al centro pertinente para que compruebe la incidencia y, en caso necesario, se acerquen al lugar para ver qué está ocurriendo.

Al terminar cada vigilancia, se presenta un completo informe con fotografías en el que figuran todos los incidentes y aspectos relevantes del recorrido, que se envía a los Centros de Explotación y a la unidad de Gestión de Integridad de Instalaciones, en oficinas centrales.

 
 

El patrullaje aéreo acapara un porcentaje mayor que el resto de vigilancias en lo que a tiempo se refiere. Esto se debe, según Raúl Arroyo, técnico especilista en Integridad, a que “el helicóptero es un medio muy útil para economizar recursos, ya que en una hora puede recorrer tramos que de otra forma se tardarían días”. La efectividad de este sistema, en el que CLH es pionera, ha sido tan positiva que otras compañías del sector también han empezado a ponerlo en práctica.

Resultados visibles
El trabajo de las personas implicadas en la vigilancia de la línea está permitiendo que el número de incidencias en el oleoducto sea cada vez más reducido. Estas tareas de control preventivo evitan que circunstancias naturales, como la crecida de un río o la propia erosión del terreno, desemboquen en una rotura de la tubería. El mismo objetivo persigue, y consigue, la labor de información y comunicación que se lleva a cabo con propietarios de los terrenos, que deben tomar conciencia de que el oleoducto no les va a suponer ningún trastorno, sólo se requiere cumplir unas normas. El objetivo es continuar mejorando, ya que el oleoducto requiere de un cuidado exhaustivo para garantizar su integridad, una motivación que impulsa el trabajo diario de CLH
.

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Los ríos, los cruces o las zonas urbanas requieren una mayor vigilancia

Campo de hitos

Todo el trazado del oleoducto transcurre bajo tierra. Así, oculto, se consigue aumentar la seguridad y evitar un impacto visual a lo largo de miles de kilómetros. Sin embargo, es necesario contar con un elemento de reconocimiento que indique, de forma aproximada, el recorrido de su traza.

Esto se consigue por medio de los hitos, postes metálicos con un ‘sombrero’ que forman dos rectángulos unidos por su lado más largo, que avisan de la presencia subterránea del oleoducto y que dibujan una interminable línea de puntos por toda la geografía española. Gracias a ellos, se tiene una referencia casi exacta de su posición, al tiempo que permite un fácil reconocimiento desde el aire.

Sin embargo, su cometido más importante es el de informar a terceros de que por ahí pasa la tubería; los hitos cuentan con etiquetas en las que figura un teléfono para ponerse en contacto con CLH las 24 horas del día en caso de incidencia o, simplemente, para realizar una consulta.



Seguridad compartida

Garantizar la integridad del oleoducto depende de CLH, pero también requiere la colaboración de los propietarios de las fincas privadas que atraviesa la tubería. Los dueños de los terrenos deben seguir unas normas básicas de seguridad, motivo por el que se hace necesario un contacto permanente con ellos para lograr así su plena concienciación al respecto.

Aunque depende del tramo, la zona de servidumbre permanente de paso, es decir, el pasillo por el que transcurre el
oleoducto es de cuatro metros de anchura. En esta franja los propietarios tienen prohibido efectuar trabajos de cava y arada a una profundidad superior a 70 centímetros. Del mismo modo, en esta zona está prohibido plantar árboles o arbustos, cuyas raíces podrían alcanzar el oleoducto.

Las obras, aunque tengan carácter provisional o temporal, tampoco están permitidas, así como desarrollar cualquier actividad a un mínimo de diez metros del eje del trazado que pudiera dañar o perturbar su funcionamiento. Esta distancia, sin embargo se puede reducir siempre que se solicite expresamente y se cumplan las condiciones que se establezcan en cada caso. Por último, el personal de CLH tiene libre acceso a las parcelas para poder vigilar, mantener o reparar las instalaciones que así lo requieran.

Estas servidumbres y limitaciones, establecidas para garantizar la seguridad del oleoducto, son de obligado cumplimiento y vienen impuestas legalmente en virtud de las normas
derivadas de la declaración de utilidad pública del oleoducto.


Mil y una anécdotas

La vigilancia del oleoducto, en cualquiera de sus tres modalidades, ha dejado numerosas anécdotas a los encargados de llevarla a cabo. En la terrestre, el personal de los Centros de Explotación ha tenido que hacer frente a un sinfín de situaciones, unas más divertidas que otras, que se producen durante los recorridos.

Las más frecuentes son el cuidado con las picaduras de avispas (que forman nidos en las válvulas), el encuentro con animales alojados en las arquetas o presencia de trampas para caza. Igualmente, en alguna ocasión, el personal se ha visto sorprendido por la presencia de la Guardia Civil porque algún guarda ha avisado de la presencia de extraños en sus terrenos, o encontrarse con alguien que se opone a que se pase por sus tierras, a pesar de que el oleoducto, al ser una construcción de interés público, tiene servidumbre de paso.

Desde el helicóptero también se recuerdan algunas situaciones, sobre todo las que se producen cuando el aparato tiene que aterrizar en el campo, ante la atenta mirada sorprendida de algún pastor.

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