Protegiendo el oleoducto
La vigilancia de la red de oleoductos es una tarea imprescindible para mantener activa la principal vía de suministro de carburante del país, un cometido que requiere
el recorrido completo de la línea numerosas veces al año.
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El perfecto mantenimiento
de la señalización es una tarea esencial en el recorrido de la línea.
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La red de oleoductos de CLH se extiende de una punta a otra de España y abarca cerca de 3.500 kilómetros de recorrido. La ‘tubería’ o ‘tubo’, como se conoce coloquialmente al oleoducto, garantiza el suministro de producto a la mayoría de instalaciones de la compañía, de ahí la necesidad de mantenerlo siempre en perfectas condiciones.
Esta responsabilidad recae sobre la Subdirección de Explotación de Oleoductos y, más concretamente, sobre los seis Centros de Explotación que existen en la compañía: Norte (Miranda de Ebro), Nordeste (La Pobla de Mafumet), Centro
(Loeches), Levante (Alicante), Centro Sur (Poblete) y Sur (Arahal), además de la unidad de Gestión de Integridad de Instalaciones.
A ellos también hay que sumar el personal de mantenimiento y de las instalaciones de almacenamiento que puedan verse afectadas, así como personal externo a CLH contratado para colaborar en esta misión. Todos ellos desarrollan un trabajo muy importante en el recorrido de vigilancia de la línea del oleoducto para detectar posibles anomalías en su funcionamiento.
Tipos de vigilancia
El principal objetivo de controlar la red es, en palabras de Javier Alonso, jefe del Servicio Técnico de Oleoductos, “salvaguardar su integridad para evitar cualquier incidente que pueda afectar al suministro de producto”. Esto se
refiere de manera especial a los
impactos que pueda sufrir la tubería por parte de terceros, que como
recuerda Alonso “son la principal causa de roturas no sólo en España, sino en el mundo”.
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Operarios midiendo la profundidad del oleoducto.
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Y es que no hay que olvidar que la mayor parte del recorrido de la traza (la zona por la que pasa el oleoducto) atraviesa terrenos en los que los trabajos agrícolas, de mejora o ampliación de las comunicaciones terrestres o de construcción son habituales.
Esto se consigue llevando a cabo una vigilancia exhaustiva, con una
frecuencia variable en función del análisis de riesgos realizados, que puede ser de dos tipos: terrestre, que incluye el patrullaje a pie y en vehículo, o aérea, para la que se requiere el uso de helicópteros. De la terrestre se encargan principalmente los Centros de Explotación, mientras que de la segunda es una empresa externa la que realiza gran parte del trabajo, en muchas ocasiones con la colaboración y participación de personal de CLH. Todos los trabajos se realizan
siguiendo la norma interna (o
instrucción técnica) de CLH.
Los tres sistemas son complementarios, con el fin de conseguir el óptimo cuidado de la red de
oleoductos. Cada uno tiene una planificación anual específica que contempla actuaciones concretas para sacar partido del modo en que se desarrolla. Así, comenta Alonso, “el patrullaje a pie permite tener un contacto directo con el oleoducto y el aéreo supone una enorme agilidad, mientras que el vehículo combina las dos facetas”.
Andando por la línea
La totalidad del oleoducto se recorre a pie al menos una vez al año por medio de patrullas pertenecientes a cada uno de los Centros de Explotación. Con este ‘paseo’ de casi cuatro mil kilómetros se obtiene una conclusión muy detallada del estado de la línea y de la geografía por la que discurre, detectando incidencias que desde el aire no sería posible.
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La vigilancia de la traza por las zonas urbanas requiere especial atención.
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Las personas encargadas de ello controlan, por ejemplo, la profundidad media de la tubería –utilizando un detector qué indica a que distancia se encuentra–, la erosión del
terreno, el buen estado de la señalización o las invasiones de la traza (zona de seguridad por donde circula el oleoducto), así como síntomas que denoten un escape de producto (como manchas en el
terreno, olor a hidrocarburos o vegetación seca). En estos casos, el personal encargado debe hacer un mantenimiento básico de primer nivel o bien informar a Mantenimiento si se requiere una mayor especialización y medios para subsanar las incidencias.
El principal peligro procede de las obras y de la maquinaria pesada del campo, “por esta razón, es fundamental fomentar la comunicación y el contacto continuo con los propietarios de los terrenos y personal ajeno, para que se conciencien de la necesidad de seguir unas normas mínimas a la hora de trabajar cerca de la traza”, señala Brent Miller, subdirector de Explotación de Oleoductos.
Esta idea la confirma Francisco Romero Muñoz, operario de Explotación de Oleoductos de Adamuz, “la buena relación que tenemos con los propietarios nos evita muchos problemas, por ejemplo el que nos avisen de cualquier cosa que tengan que realizar cerca del oleoducto porque saben que nosotros no estamos para poner trabas, sino para ayudarles y evitar situaciones de riesgo para todos”.
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El vehículo todo-terreno es una herramienta necesaria para la vigilancia del oleoducto.
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En todo-terreno
El mismo personal que lleva a cabo el patrullaje a pie es el que ejecuta la vigilancia sirviéndose de vehículos, siempre del tipo todo-terreno para adaptarse a las características del recorrido. Se trata de una herramienta de gran ayuda, pero conducir estos coches por determinadas superficies conlleva ciertas dificultades. Por ello, la mayor parte del personal que tiene que hacer este patrullaje ha pasado por el curso de conducción segura, incluido en el Plan de Prevención de CLH.
El vehículo es necesario para llevar a cabo el control periódico de puntos considerados de especial
relevancia. La frecuencia de visita a estos lugares es quincenal, aunque este tiempo se acorta si se trata de puntos que requieren un mayor control. Es el caso de las zonas urbanas, pantanos o cruces importantes de ríos, carreteras o vías de tren.
En este sentido, las válvulas de línea necesitan un control permanente. Aquí el examen se realiza de forma visual, comprobando que los cierres no hayan sido forzados, que el camino de acceso se encuentre despejado y en buen estado, que no existan fugas o que no haya agua en las arquetas. Asimismo, los densímetros son otro elemento a revisar, sobre todo que no haya ruidos anormales en bombas o vibraciones en las tuberías de conexión.
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El helicóptero recorre la totalidad de la línea 18 veces al año.
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En estos casos es obligado hacer un mantenimiento preventivo si procede, aunque por las características de los elementos se hace necesario contar con equipos específicos, de conformidad con la normativa en vigor. Así, antes de inspeccionar una válvula, y siguiendo las normas de seguridad al respecto, se debe utilizar un
medidor de detección de atmósferas explosivas y, si se requiere, máscaras con bombona de oxígeno para acceder a ella. Sin olvidar, por supuesto, la ropa de trabajo reglamentaria.
Desde el aire
La compañía introdujo en 1993 la
vigilancia aérea de la línea, una tarea que se desarrolló primero por medio de avionetas y que, posteriormente, comenzó a llevarse a cabo con helicópteros. Estos aparatos, en opinión de Rafael Fernández, jefe de Integridad de Instalaciones, “aportan ventajas significativas, como la posibilidad de aterrizar en casi cualquier punto y volar a menor altura y baja velocidad, lo que mejora el grado de observación”.
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El helicóptero que realiza la vigilancia aérea recorre la totalidad de la línea 18 veces al año.
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A lo largo del año se efectúan 18 vuelos completos al oleoducto en diferentes etapas. Cada uno de ellos tiene una duración media de diez días, ya que a veces la climatología es quien decide, y recorre casi la totalidad de la línea (por motivos de seguridad, hay zonas que quedan excluidas, son las llamadas zonas de sombra).
La privilegiada posición del helicóptero (de 150 a 200 metros de altura) permite examinar con detalle los cruces de ríos, los pasos montañosos, la vegetación excesiva sobre el oleoducto o defectos en su señalización. La actividad de terceros es igualmente importante a la hora de controlar la línea, y desde el aire es muy fácil localizar cualquier construcción irregular que se esté haciendo en un terreno por donde pasa el oleoducto. Si detectan cualquier anomalía, los tripulantes avisan de inmediato al centro pertinente para que compruebe la incidencia y, en caso necesario, se acerquen al lugar para ver qué está ocurriendo.
Al terminar cada vigilancia, se presenta un completo informe con fotografías en el que figuran todos los incidentes y aspectos relevantes del recorrido, que se envía a los Centros de Explotación y a la unidad de Gestión de Integridad de Instalaciones, en oficinas centrales.
El patrullaje aéreo acapara un
porcentaje mayor que el resto de vigilancias en lo que a tiempo se
refiere. Esto se debe, según Raúl Arroyo, técnico especilista en Integridad, a que “el helicóptero es un medio muy útil para economizar
recursos, ya que en una hora puede recorrer tramos que de otra forma se tardarían días”. La efectividad de este sistema, en el que CLH es
pionera, ha sido tan positiva que otras compañías del sector también han empezado a ponerlo en práctica.
Resultados visibles
El trabajo de las personas implicadas en la vigilancia de la línea está permitiendo que el número de incidencias en el oleoducto sea cada vez más reducido. Estas tareas de control preventivo evitan que circunstancias naturales, como la crecida de un río o la propia erosión del terreno, desemboquen en una rotura de la tubería. El mismo objetivo persigue, y consigue, la labor de información y comunicación que se lleva a cabo con propietarios de los
terrenos, que deben tomar conciencia de que el oleoducto no les va a suponer ningún trastorno, sólo se requiere cumplir unas normas. El objetivo es continuar mejorando, ya que el oleoducto requiere de un cuidado exhaustivo para garantizar su integridad, una motivación que impulsa el trabajo diario de CLH.